Pelotón
Dicen que los médicos nos parecemos a los militares, un sistema de jerarquías. Debe ser que estamos en el mismo negocio de salvar vidas. Al menos es lo que luce la milicia a manera de escudo y en las preseas que llevan en el uniforme y que nadie sabe cuando las ganaron. A nosotros nadie nos da una medalla, pero casi que nos cuadramos para saludar y nadie mira al superior por debajo y nadie interpela a un superior y nadie discute la orden de un superior aunque no la comparta, porque entonces te aleccionan que se pueden perder vidas, como en una batalla, como estar constantemente pisando un terreno minado.
Esta el médico tratante que es como el oficial a cargo que tiene un suboficial que vendría a ser el postgradista. Luego viene un cabo que es el médico residente y el interno rotativo, que vendría a ser el cadete, el recien llegado. Hay estudiantes de medicina, pero no se los puede incluir todavía dentro del sistema, son outsiders, capaz que errores de cálculo. A veces no existen hasta que están parados en el lugar equivocado. Cuando fui estudiante todo el tiempo sentí que daba lo mismo estar o no estar, que nadie se percataba salvo un tutor, es decir alguien a quien le pagan para que se de cuenta. Para los demás eres un ente. Recuerdo por ejemplo estar en un consultorio como oyente porque era lo que tocaba y parece que estaba parado en el camino del médico del escritorio por lo que me hizo a un lado con la mano, como se hace a un lado un mueble que estorba, sin dirigirme la palabra. Otras veces tuve que asistir a discusiones de casos clínicos difíciles, llamados gran rounds, término boxístico como preludio de un combate en que se lanzan golpes metafóricos por medio de referencias bibliográficas que lastiman el ego. Los estudiantes no opinabamos libremente, esperabamos la venia de un tutor, así que bien podían empezar y terminar sin que nadie nos diese la oportunidad de expresar lo que pensamos. Estos rounds ocurrian muchas veces en salas improvisadas y pequeñas donde las sillas son para los oficiales, entonces nos quedabamos parados sin saber donde arrimarnos y a que distancia del interpelante. Pero te empezabas a cansar y a nadie le parecía importar tu sufrimiento. Terminabamos sentandonos en el piso y tu pensarías que a la siguiente alguien se preocupará de traer mas sillas, pero no es así, la escena se repitió hasta el final de curso. Cuando llegas al internado rotativo que recalco es como ingresar a la conscripción, piensas que será diferente, pero la realidad es que es peor, porque ahora si estas dentro de la milicia. Eres la última rueda del coche, el que tendrá que asumir las tareas que nadie más quiere. El papeleo burocrático, los pedidos, las recetas, que tendrás que repetir incontables veces hasta que esten acorde al pensamiento del jefe de turno. Te subestiman, nadie quiere dejarte solo porque parece que pudieses hacer estallar una bomba. Y aunque no te dan la confianza para decidir algo, te hacen responsable de las cosas que ocurren o dejan de ocurrir. Como en un juego de ir señalandose. El oficial señala al suboficial para culparlo, y este señala al cabo y el cabo señala al cadete, y el cadete no tiene a quien señalar, así que le toca curtirse, blindarse, soportar las balas y los misiles incluso los dirigidos a otro blanco. Tu a lo tuyo a seguir con el saludo militar y dando la razon a todos. - Cadete Alarcón los cocodrilos vuelan.
- No creo mi cabo.
- Esta equivocado cadete, le pregunto porque el Capitán Cotonete dijo que los cocodrilos vuelan.
- Pues mi cabo entonces corrijo, claro que vuelan, bien bajito a ras del agua, pero vuelan. El Oficial trajo un artículo científico al respecto, los cocodrilos vuelan con una probabilidad mayor frente a los delfines, con una p de 0.001 por lo que es estadisticamente significativo.
- Tienes que hacerle caso a la evidencia. Tenemos que implementar medidas para evitar que los cocodrilos vuelen más alto, esta entendido cadete. Señor, si señor. - Mi cabo sabe que me gusta la cadete X. - No vayas a decirlo en voz alta, estas de malas porque es la cadete que le gusta al Capitán Cotonete, así que anda olvidando cualquier intención, que si el capitán se entera terminarás limpiando letrinas. Señor, si señor. - Mi cabo, la señora del 23 se quejaba de dolor en su herida, así que le administre un analgésico y ya se encuentra mejor.
- Cadete Alarcón a quien aviso. Quise avisarle a usted pero dijo que salia a comer y no volvio (me dijeron que lo vieron en su auto con una cadete) porque seguramente tuvo que hacer algo importante, asi que me apiade de la paciente.
- Muy bien cadete por eso tengo la confianza de dejarlo encargado, pero igual tenia que haber avisado, así que para pechos 1,2.
- 3,4 señor.
- Cadete hay que poner una sonda el paciente que va a quirofano.
- Ya, enseguida señor, pero tengo un problema, nunca he puesto una.
- ¿Cómo?.
- Bueno una vez vi un tutorial en youtube. Vine directo desde las clases por zoom. Ya sabe, la pandemia.
- ¡Dios!, que haremos con usted cadete a donde lo devolvemos.
- Cadete por que solto la pinza.
- Oficial disculpeme, senti que me desmayaba.
- ¿Esta posturno?
- Sí, llevo 28 horas sin parar, no he podido ir a comer.
- Bueno retirese. Cabo encarguese, ya no hacen los cadetes como en mi época. Estos flojos si los proscribes, se quejan con las autoridades. A fin de cuenta no son culpables. Son tantos que los confundes y los olvidas a primera de cambio, a veces ni te percatas que ya los cambiaron. Los sueltan en emergencia como civiles en fuego cruzado. Les llueven balas, unos se esconden, otros le ponen el pecho y al final con valentía o susto, salen del otro lado, cruzan la puerta y se marchan. Cuando la conscripción termina, eres un soldado que aunque no este listo, debe ir a la guerra. La medicatura rural es lo más parecida a una medicina de guerra. Estás solo en medio de la nada, con recursos limitados intentando contener una hemorragia o trayendo niños al mundo o batallando contra un ejército de bichos y bacterias, con medicamentos que son como salir a matar con piedras a dragones. Te vuelves recursivo, te fundes con el paisaje, te vuelves uno de ellos. Y cuando creías haberte camuflado, abruptamente la guerra termina, bueno termina solo para ti, porque hay otro soldado detrás tuyo. Entonces debes regresar a la sociedad con los traumas y las secuelas. Pero es el momento en que sientes que no tienes sitio, que debes regresar a tu cuartel, a la vida jerárquica donde recibes órdenes, donde la mayoría de veces debes reaccionar no accionar; obedecer, no resolver. Ahora al menos no seras un cadete, te darán otro rango y te pondrán un cadete al que podrás torturar un poco como a ti te torturaron, porque es parte del ciclo, del círculo del que no puedes salir; porque entonces asumes que fuera de esos cuarteles no existes.
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