Resaca moral
Despertar en un barco hundido, talvez. Mirarse las manos, la camisa sucia. Acordarse. La claridad devuelve la realidad. El sol a través de las persianas golpea los párpados y molesta más que nunca; si lo tapas con el dedo es peor porque ahora puedes ver lo demás. Hay mucho ruido como si no hubiera tregua. Te limpias la saliva en la comisura de la boca, te acomodas los cabellos que tapan la frente. Volver a acordarse de las caras que te rodean, la cabeza que esta en tu hombro y algunos cadáveres repartidos en los sofás. Poner los recuerdos que llegan como olas en algún sitio de tu cabeza que va a estallar como un manojo de astillas. La boca seca y las palabras atragantadas, una sed que desconocías. La indecisión de moverse o quedarse quieto y seguir analizando el panorama que no luce favorable. Hay restos por todas partes, restos de toda clase, eres el resto de otro resto de una farra que se extravió y mudó a un sitio inesperado. Hay cosas que siguen pasando como estertores de un final que se prolonga como sin querer desaparecer por completo. Hay cosas que pasan y que piensas hubieses preferido seguir dormido para no ver. Entiendes que todo esta empujado por el catalizador que sale por turnos de una jarra con hielos, que parece ya se termina y que da igual porque a esa hora ya da igual que se termine, no como hace unas cuantas.
La tortura no solo es corporal, no solo es carne molida, la culpa se cuela por los poros. Por qué llegamos hasta acá?. La mayoría empieza a acordarse de los días, de las obligaciones, de tener que estar en otro sitio y en otras condiciones, pero el cuerpo no reacciona. Hay otros que ni siquiera levantan cabeza aunque se provoque un tsunami. Yo sigo aspirando el aroma de la trasnoche y me sigo flagelando acordándome de la llamada que conteste y de la que hice por error.
Cómo? Por qué?. El reproche no es de ahora, venía creciendo los últimos días a medida que descendías por una espiral y justo ahora tocaste fondo. Solo eran los síntomas de este pronóstico fatal, ya más allá no parece haber mucho menos. Ahora hay que sacar los pies por la puerta y ponerle cara a las consecuencias, pero primero hay que vomitar lo que el estómago y la dignidad no toleran. Seguro vas a repetir que es la última vez.
La tortura no solo es corporal, no solo es carne molida, la culpa se cuela por los poros. Por qué llegamos hasta acá?. La mayoría empieza a acordarse de los días, de las obligaciones, de tener que estar en otro sitio y en otras condiciones, pero el cuerpo no reacciona. Hay otros que ni siquiera levantan cabeza aunque se provoque un tsunami. Yo sigo aspirando el aroma de la trasnoche y me sigo flagelando acordándome de la llamada que conteste y de la que hice por error.
Cómo? Por qué?. El reproche no es de ahora, venía creciendo los últimos días a medida que descendías por una espiral y justo ahora tocaste fondo. Solo eran los síntomas de este pronóstico fatal, ya más allá no parece haber mucho menos. Ahora hay que sacar los pies por la puerta y ponerle cara a las consecuencias, pero primero hay que vomitar lo que el estómago y la dignidad no toleran. Seguro vas a repetir que es la última vez.
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