Unplugged
Unplugged o desenchufado para no recurrir a anglicismos. Este término se hizo popular en los noventas cuando MTV decidió realizar conciertos acústicos de artistas renombrados. La verdad constituyó y lo sigue haciendo creo, un desafió para los músicos reinventar sus canciones para acoplarlas a otro formato. Pero creo que también aquellos conciertos televisados, grabados y algunos hoy remasterizados, lograron como se dice: dar en la tecla. Empujar a los músicos a volver a un sonido más básico y sin tanto intermediario que puede presentarse en un estudio, hizo que todo el talento y los recursos que a su nombre se atribuía emerjan. Aún así resultaba técnicamente muy difícil realizar un acústico en estricto apego al término y la gran mayoría terminó haciendo un híbrido, digamos un electro acústico. Muy pocos cumplieron con la premisa inicial, me viene a la mente el caso de Los Tres, la banda chilena, que hizo algo realmente memorable.
Pero aquel formato sigue ganado adeptos y sigue revitalizando carreras y éxitos y se seguirá haciendo shows bajo ese término aunque ya poco tengan de acústicos. Pero son bienvenidos y su esencia puede extrapolarse a la vida misma.
Ahora estamos hiperconectados, hiperenchufados, tenemos una persona virtual que es casi diez veces más grande que nosotros mismos y que transita espacios inesperados a veces incontrolables, casi como una vida en paralelo por espacios intangibles, y que nos envía constantemente mensajes desde esos lugares hacia nuestro móvil para tenernos enganchados a ese mundo virtual y fuera de este mundo que pisamos y palpamos. De cierta manera creo que la tecnología nos va quitando la capacidad de crear vínculos reales a punto de llevarnos a una soledad distinta donde estas rodeado de miradas y dedos que te señalan a cientos de kilómetros y fuera de tu alcance.
Cuando le preguntas a la mayoría de personas si podrían quedarse sin su móvil más de un día, una buena parte te podría responder que a lo mejor caerían en un estado de ansiedad al borde de la psicosis. Y es que desenchufarse o desconectarse del inmenso ser virtual que somos puede verse como desconectar del respirador a un enfermo grave. No parece que fuésemos capaz de tolerarlo. Y si hay un gran apagón tecnológico o de la gran world wide web, nadie siquiera se pone a pensar en las consecuencias o en el posible colapso del mundo. Suena a que el apocalipsis de "La Carretera",el libro de Cormac Mc Carthy es posible.
Ya nadie se acuerda de los tiempos de hace una cuantas décadas, que se ven tan distantes como el mundo prehispánico, donde la gente se las apañaba para ser felices sin la tecnología gobernando el día a día.
Pero yo si creo que un unplugged en estos amaneceres es posible, en poco tiempo será necesario. Lo supe cuando mi hijo de diez años me pidió su propio teléfono móvil porque todos sus amigos ya lo tenían y no pude hacerle cambiar su mueca de incredulidad, como diciendo de que habla este tipo, cuando le quise explicar que no lo necesitaba, que a su edad yo ni pensaba en algo parecido y era muy feliz jugando en el patio de casa. Como no iba a aceptar mis excusas, menos si yo mismo ando con el móvil a todas partes, tuve que poner en consideración una medida extrema. Apagaría el móvil durante dos semanas para demostrarle que el fin del mundo no va a ocurrir puertas adentro. Admito que el primer día fue sencillo como cuando el móvil se queda sin batería. El segundo y el tercero ya fueron complicados,metia las manos en los bolsillos como si sujetara un objeto imaginario. Pensaba en consultar una y otra cosa de inmediato, o preguntarle a alguien cosas que entonces se saben irrelevantes, pero tuve que resignarme a diferirlo y confiar por ejemplo en que las personas que me necesiten sabrán encontrarme. Admito que ha sido un desenchufado no tan radical, digamos un desenchufado de artista en MTV, un electro acústico informático. Si he necesitado revisar el mail de vez en cuando y una que otra página de internet en el ordenador, pero por lo demás estoy emergiendo airoso; siento que vuelvo a lo básico a un sitio que creía perdido en mi conciencia y cada día me gusta más. La respuesta estuvo en los acústicos de MTV, un cover de ti mismo mucho mejor que el original. A lo mejor y cuando transcurran estas dos semanas decido no volver a despertar al monstruo.
Pero aquel formato sigue ganado adeptos y sigue revitalizando carreras y éxitos y se seguirá haciendo shows bajo ese término aunque ya poco tengan de acústicos. Pero son bienvenidos y su esencia puede extrapolarse a la vida misma.
Ahora estamos hiperconectados, hiperenchufados, tenemos una persona virtual que es casi diez veces más grande que nosotros mismos y que transita espacios inesperados a veces incontrolables, casi como una vida en paralelo por espacios intangibles, y que nos envía constantemente mensajes desde esos lugares hacia nuestro móvil para tenernos enganchados a ese mundo virtual y fuera de este mundo que pisamos y palpamos. De cierta manera creo que la tecnología nos va quitando la capacidad de crear vínculos reales a punto de llevarnos a una soledad distinta donde estas rodeado de miradas y dedos que te señalan a cientos de kilómetros y fuera de tu alcance.
Cuando le preguntas a la mayoría de personas si podrían quedarse sin su móvil más de un día, una buena parte te podría responder que a lo mejor caerían en un estado de ansiedad al borde de la psicosis. Y es que desenchufarse o desconectarse del inmenso ser virtual que somos puede verse como desconectar del respirador a un enfermo grave. No parece que fuésemos capaz de tolerarlo. Y si hay un gran apagón tecnológico o de la gran world wide web, nadie siquiera se pone a pensar en las consecuencias o en el posible colapso del mundo. Suena a que el apocalipsis de "La Carretera",el libro de Cormac Mc Carthy es posible.
Ya nadie se acuerda de los tiempos de hace una cuantas décadas, que se ven tan distantes como el mundo prehispánico, donde la gente se las apañaba para ser felices sin la tecnología gobernando el día a día.
Pero yo si creo que un unplugged en estos amaneceres es posible, en poco tiempo será necesario. Lo supe cuando mi hijo de diez años me pidió su propio teléfono móvil porque todos sus amigos ya lo tenían y no pude hacerle cambiar su mueca de incredulidad, como diciendo de que habla este tipo, cuando le quise explicar que no lo necesitaba, que a su edad yo ni pensaba en algo parecido y era muy feliz jugando en el patio de casa. Como no iba a aceptar mis excusas, menos si yo mismo ando con el móvil a todas partes, tuve que poner en consideración una medida extrema. Apagaría el móvil durante dos semanas para demostrarle que el fin del mundo no va a ocurrir puertas adentro. Admito que el primer día fue sencillo como cuando el móvil se queda sin batería. El segundo y el tercero ya fueron complicados,metia las manos en los bolsillos como si sujetara un objeto imaginario. Pensaba en consultar una y otra cosa de inmediato, o preguntarle a alguien cosas que entonces se saben irrelevantes, pero tuve que resignarme a diferirlo y confiar por ejemplo en que las personas que me necesiten sabrán encontrarme. Admito que ha sido un desenchufado no tan radical, digamos un desenchufado de artista en MTV, un electro acústico informático. Si he necesitado revisar el mail de vez en cuando y una que otra página de internet en el ordenador, pero por lo demás estoy emergiendo airoso; siento que vuelvo a lo básico a un sitio que creía perdido en mi conciencia y cada día me gusta más. La respuesta estuvo en los acústicos de MTV, un cover de ti mismo mucho mejor que el original. A lo mejor y cuando transcurran estas dos semanas decido no volver a despertar al monstruo.
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