Viaje al centro del amor via Netflix

Netflix llegó a nuestras vidas un día de marzo de forma inesperada, había escuchado de él pero el streaming en nuestro medio todavía sonaba a ciencia ficción como la programación que ofrecen; creo que llegó en uno de esos mails publicitarios que andan rondando por ahí. Enseguida lo adoptamos como el hijo que podría insuflarnos el segundo aire que el amor necesita.
Mad men fue un buen comienzo, te enganchaste a la vez y quizá sucumbimos a la tentación de Don Draper. Siempre parecía haber tiempo para un capítulo más, literalmente devoramos las seis primeras temporadas, nos desvelamos más de una noche. Fue casi peor que una infidelidad aquella vez que no te espere para avanzar en los capítulos. Yo te abrace y te pedí perdón y me ofrecí a verlo otra vez para que me volvieras a hablar, te prometí que no volvería a hacerlo. Cuando terminamos las seis temporadas caímos en un bache inevitable arrastrados por el vacío de emociones y la ansiedad de que ocurriera ya el bing bang de la septima temporada que se sabía era la última, pero hubo que esperar un año y en ese tiempo tuvimos cameos y romances furtivos con otras series sin llegar al clímax que tuvimos. Entre aquellas recuerdo a Homeland que estuvo bastante bien pero que siempre tuvo el sabor de un placebo.
Pero la respuesta siempre estuvo ahí aunque literal no la quisiéramos ver, Walter White se metió en la casa a cocinar su meta, para mí fue la droga que esperaba, lo acompañe hasta la oscuridad mas densa y de regreso y tú al principio también te subiste a ese carrusel sin fin, pero te bajaste al vuelo y me dejaste sólo en mi trance. La verdad no te eché de menos en ese torbellino que era todo lo que un seriéfilo puede anhelar. Admito que me dejaste estar y no me hiciste mucho pleito y cuando terminó otra vez volví al primer amor o la primera vez, queríamos recuperar el tiempo perdido. Como vaticinio de mi regreso encontramos The Returned y fue intenso pero demasiado corto por lo que otra vez a lo de siempre. Mad men volvió con su última temporada pero como estaba tan fragmentada fue un deleite casi existencial y como su protagonista terminamos en un falso nirvana al borde del sueño. Con la comedia light de Jude Apatow nos desconcertamos y no llegamos a reírnos juntos y si no reímos juntos entonces no valió la pena. Deambulabamos por la programación con aperitivos de vez en cuando, nos acostumbramos a quedarnos sin maratones y todo tranqui la vida sigue. 
Pero lo bueno de Netflix es que de vez en cuando dan en el clavo y Stranger Things fue eso y mucho más, un fenómeno que nos dio el chispazo cuando necesitábamos RCP, nos dejó quizás con combustible hasta su segunda temporada. Hasta eso caminamos a paso lento pero seguro por las nueve temporadas de How I met your mother que no exigen una fidelidad exasperante ni la contención mutua. A veces lloras cuando yo río, pero como los protagonistas aprendimos a ser un matrimonio estable y predecible. Bueno así seguiremos a menos que Netflix dinamite la relación, uno nunca sabe que puede salir al aplastar el botón de play. Por si acaso si te vas no te lleves el control remoto, aunque sea por los viejos tiempos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pelotón

Bolaño cercano

Oh capitán. Mi capitán