Octavio
Mi segundo hijo cumple su primer año hoy, es muy difícil plasmar en palabras lo que ha sido este año en nuestras vidas. Por eso prefiero publicar algo que escribí hace un año el día que nació y que intenta traducir todas las emociones que despierta su sola presencia.
"Las
últimas 2 semanas fueron difíciles. Hubo que esperar impacientes. A
las personas nos mata la espera. Una fecha probable, que luego se
cambia a otra fecha, que luego termina posponiéndose nuevamente,
pero finalmente será hoy. Si, hoy como si tanta espera no resultase
y ya no quiero, para qué? si lo que viene se ve atemorizante, y como
no si se trata de un bebé, de un ser pequeñito que se instala en tu
casa indefinidamente y cambia toda tu rutina para siempre.
Me
levanto temprano, apenas y pude dormir debo llevar a mi esposa a la
clínica muy temprano. Si ya se como son las clínicas, soy médico y
he pasado por muchas. Una habitación estrecha un ambiente estéril y
melancólico, ambientes grises, gente cansada que trata de ser
amable, si, nada ha cambiado. Nos dan unas últimas indicaciones, el
ginecólogo está por llegar. Me permiten ingresar en el quirófano.
Una cesárea, he estado en muchas pero eso no me calma, a medida que
el procedimiento avanza voy repasándolo mentalmente y acordándome,
que etapa tan difícil, el año de internado. Me cruzan por la mente
los cientos de mujeres a punto de dar a luz, los rostros que ya
olvide, los bebes que retuve contra mi pecho. La angustia por
extraerles su primer suspiro, ese grito de dolor, del peor dolor que
volveremos a sentir, ese grito que trae la vida al cuerpo, ese grito
y el color de la vida, el color de la vida es el rosa; la piel
rosada, pletórica, el cuerpo lleno de oxígeno gracias a ese grito. ¿Cuantos niños recibí?. Fueron muchos, perdí la cuenta, quizá
cien, quizá más y ahora tendrán siete años. Que será del destino
de esos niños y sus madres; me habré cruzado con alguno en la
calle, en el supermercado, no sabrán quién soy, no se ya quienes
son, ese pequeño milagro que nos unió es anónimo y así será para
siempre.
En eso esta mi mente cuando por fin sacan a mi hijo y espero oír ese
grito magnífico, milagroso, pasa un segundo, pasan dos, parecen una
eternidad, le aspiran las secreciones de su boca y yo repitiendo sin
cesar: llora, llora, y al fin el grito y su llanto vigoroso y toda
la calma y toda la emoción que me embarga de golpe como si estos
nueve meses no me hubieran preparado. Ahí está, desnudo, frágil,
sin saber bien que pasa si hasta hace un rato era la persona más
feliz abrazado a las entrañas de su madre. Tiene miedo y tiembla,
nacer es un dolor que la vida compensa, aunque a veces no, todo
depende y esta vez puede que dependa de mí. Empieza su vida, para mí
ya no es una vida anónima,la acompañaré cada día. Después de un
rato pasa el trauma, vuelve el silencio, pero ya no somos los mismos.
Octavio duerme tranquilo, sin los fantasmas que vienen
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