El Ciudadano E. Ascensión y Caída

Son las vueltas de la vida, son los caminos que se tuercen y bifurcan, en algún momento se juntan o se cortan de golpe.
Hace nueve años no entendía cuando llegue a aquella ciudad y un coche nos recogió en el aeropuerto y todos muy amables preguntandonos a quien representabamos y a quienes conocíamos, entonces sin saber que veníamos a elegir y que aquellos hombres amables eran candidatos. Y me encontre con un foro lleno de gente donde clausuraba sus funciones una directiva y se esperaba un nuevo congreso donde había de elegirse una nueva, y yo ahí como un niño en su primer día de escuela sobrepasado por la magnitud de las cosas. La Asociación talvez era un espacio pequeño pero representativo políticamente; quiza lo suficiente como para despertar intereses y pugnas. Yo acepté aquel cargo menor pensando que era un mero hecho formal, un nombre que consta en una partida; pero a los pocos días estaba ahí sin entender una pizca. No entendía por ejemplo que mientras nosotros hablabamos horas de horas en aquella asamblea sobre un estatuto reformado hasta el cansancio como si se tratase solo de un formalismo para tenernos distraidos, las verdaderas negociaciones se hacían por fuera y ya todo o casi todo se había decidido de antemano, los pocos resquisios que faltaban habrían de cerrarse tras bastidores en esos tres días.
Y cuando llego el día de la elección y vi el lugar más lleno que nunca y ví votar a gente que no había estado en ningún dia previo, poco a poco fuí entendiendo. A nivel micro la Asociación era una réplica de lo que a nivel macro es el país. Pero seguía sin entender porque parecía algo tan preciado si a la final de lo único que se encargaba era de organizar unas pocas charlas académicas en el año y manejar unos fondos que en monto nadan se parecen a contratos millonarios de empresas del Estado. Pero no sería la última vez que vería a aquellos personajes y poco a poco todo habría de encajar.  Al presidente electo en esa ocasión se me presentó formalmente unos meses después cuando el representante de nuestra filial le pidió un favor, porque esos cargos no son sino una cadena de favores y aquel personaje todo amable y siempre presto para ayudarnos, me pareció alguien más sensato que incluso nos daba la autonomía necesaria. Pero la verdad era que necesitaba respaldos, por esa época andaba en disputa con sus hombres de confianza que hicieron que él llegara al cargo y una escisión era previsible. 
Como mi medicatura rural llego a su final al igual que el período de sus funciones, paso mucho rato hasta volverlos a encontrar.
Fueron apareciendo en la palestra pública con el transcurso de la década ganada. Ocupaban cargos públicos importantes a los que no llegas por meritocracia obviamente.
Directores de...., gobernadores y no se cuantas cosas más; hasta que aquel joven que dirigió la Asociación termino siendo candidato a Presidente de la República, su principal ofreciemiento era extirpar el cáncer de la corrupción, cortar la mano del que roba. Yo no le dí mi voto, sabía como eran las cosas en entresijo, no lograba compaginar su discurso con lo que conocía de él. Como se anticipaba que no obtendría una votación significativa pactó con el candidato que terminaría ganando y se le entregó a cambio un ministerio. A la final el objetivo parece ser no quedarse sin una tajada. 
No pasaron seis meses y tuvo que renunciar por supuestas irregularidades y hoy está preso acusado de lavado de activos. En la televisión y en las redes sociales circulan videos de su arresto donde camina esposado y fuertemente custodiado. Lejos de indignarme me parece triste.
Su ascenso y caída es quizá la historia de esta última década. Es la historia de unos jóvenes que vieron en una pequeña asociación un trampolín político, que llegaron y tomaron la cúspide por un atajo pero que se marearon y se desbarrancaron y siguen siendo parte de la historia negra de este país al que sin los jóvenes originando una fractura definitiva se le acaban las esperanzas.

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