Una pizca de sal



En su regreso al stand up comedy Chris Rock dice algo muy acertado sobre la religión. La religión es como la sal, se necesita una pizca para dar sabor, pero demasiada te arruina la comida. Chris piensa que en el momento en que está de su vida luego de pasar varias vicisitudes necesita algo que la centre o estabilice, algo asi como darle contexto a los propósitos que va haciendo. Se ve que no es un devoto pero afirma que es mejor encontrar a Dios antes que él te encuentre a ti porque seguramente cuando te encuentre no vas a estar en primera fila de un concierto o en medio de una pista de baile; vas a estar jodido y asustado. En estas palabras veo reflejadas las varias etapas por las que ha pasado y trasmutado mi fé o debería decir mi relación con la fé. Porque siento que la fé es algo que no me es inherente o de lo que carezco de forma natural.
Mi familia es católica tradicional, mis padres lo son en mayor o menor medida y nos inculcaron la religión desde pequeños; tuve una educación formal religiosa y cumpli todos los sacramentos. Mis hermanos también pero por diferentes circunstancias terminaron en otra religión; así que es complicado tocar ese tema en las reuniones familiares, casi que prohibido en pos de la armonía que hemos sabido mantener.
Como dije antes la fé no parece ser algo que se inocule como un virus, nunca se diseminó en mí y no logro congeniar con las creencias que profesan otros. Mucho menos entender que una religión te envié a matar al vecino sólo porque piensa distinto. Desde la adolescencia he pasado por varias catarsis que van desde la duda razonable al ateismo extremo y casi autista. En ese tránsitar me pareció que el mundo podía ser distinto sin los dogmas que nos empujan a la guerra. Ahora viendo desde otra perspectiva cierto ateismo también puede rozar el fanatismo, en el artículo de una revista de variedades alguien escribió una crónica sobre ciertos ateos que hacen lo mismo que hacen los guías o líderes de las religiones: predicar. Se supone que en el antagonismo no debes imitar al enemigo, pero es lo que hacen. Yo creía que el ateismo era la respuesta al extremismo religioso, pero mal entendido y practicado quizá es solo mas combustible para el fuego. El ateo puede sentirse obligado a pulsear la fuerza de su discurso chocando contra la religión para no sentirse ínfimo en la minoría que representa, por lo que la búsqueda de enfrentamiento no hace más que evidenciar que tiene miedo de sus propias ideas. El ateo no tiene cielo y quizá tampoco a ratos suelo o de esa manera se siente y en la incertidumbre puede que se exponga en público para intentar convenciendo a los demás convencerse a sí mismo.
Con el tiempo he salido de esa incertidumbre y de esa lucha interior, por eso no digo más ser ateo ni expongo ante los demás mi defensa.
Tampoco creo que vuelva a ser creyente, la fé no es algo que aparezca en la sopa, ni al pasar frente a la iglesia; por lo que mi situación es complicada pero inesperadamente mucho más tranquila. Ya no me hago preguntas sobre el tema, no me cuestiono a mi mismo como antes ni disparo dardos envenenados contra la fé de los demas, no asumo los preceptos de uno de los bandos, ni comparo a Nieztche con San Pablo. Mi relación actual con la religión es la que describe perfectamente la película Silencio de Scorsese, aún así me encantaría que el silencio se quiebre de vez en cuando porque puede ser tan insoportable como el ruido de los fanáticos.
Cuando el mundo se viene abajo, con los extremismos y el odio arruinandonos la cena, no viene mal una pizca de sal.


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