Ultimos atardeceres del año



El eclipse fue en agosto pero el ocaso es en diciembre. Los dias van cayendo en secuencia rápida como un corto que pasa con el boton de adelantar de la casetera aplastado, apenas y logro extraer momentos dispersos o recuerdos que son casi como un aroma fugaz.
En estos meses volvi a un lugar que dije no volvería y estando allí volví a preguntarme: Qué hago aquí? y otra vez no encontre respuesta y nuevamente me llego un aluvión de nostalgia y pena innecesaria y otra vez el quilombo y el llanto salpicandome el pecho y los reproches que abundan y al final otra despedida que no parece despedida. Y a la par otro lugar que busco pero al que no llego, por falta de tino o interés y que sigo testarudamente como un anhelo que siempre como suele ser en estos casos se hace dificil; porque las cosas son sin querer y cuando las quieres no son y en ese tira y afloja vale hacerte el desentendido.
En estos meses leí libros cortos e intensos como La Uruguaya de Pedro Mairal o Instrucciones para robar supermercados de Haidu Kowski, que guardan en comun la falsa revancha del perdedor que al final es más perdedor sin remedio por más que acaricie la gloria por un rato y quizá asi me siento.
Casi no he ido al cine, le he perdido el gusto; la última vez fue para ver la secuela de Blade Runner que me resulto innecesariamente larga y aburrida, aunque a otros les habrá parecido una joya.
Spotify me entregó la lista muy atinada de las canciones que más he escuchado en este año. No me sorprendió que la primera sea There is a light that never goes out de los Smiths, la escuchaba en todas partes y hasta frente al espejo como si la descubriera tardiamente y la hubiese necesitado de mucho antes para exorcisarme un poco.
Durante un mes trabaje en dos lugares a la vez como queriendo estar menos tiempo en casa, pero que al final no ha valido la cuenta, ni el dinero, ni el sudor, ni el estrés. Así que al mes renuncie y los compañeros sin enternderme y yo sin entenderme. Pero me sirvió para valorar el tiempo sin nada, sin nada que hacer o pensar. Por un momento pude irme a trabajar en cualquier parte y termine en el mismo lugar y algo así es lo que nos pasa, no nos la jugamos. No nos la jugamos por miedo y el que no arriesga no gana pero a veces estas ganando y no te das cuenta.
Diciembre es un caos al que no quieres llegar. Son horribles las calles congestionadas, los centros comerciales atestados, sin medio lugar de parqueo y tu teniendo que comprar y comprar y firmar y firmar esos vouchers, terminas agotado y lleno de fundas pero con el cuerpo vacío.
En el ocaso del año he vuelto a encontrarme con viejos amigos a los que no veía en mucho tiempo, los únicos amigos que me quedan son mis ex compañeros de universidad, y como cada vez que nos vemos nos reírnos y nos emborrachamos y nos olvidamos de las responsabilidades como si fueramos otra vez universitarios atornillados a un departamento sucio y desamoblado. Cuando despertamos nos damos cuenta que somos una resaca de lo que fuimos y desaparecemos; porque lo mejor que hacemos es desaparecer del radar. Pensar que vivimos en la misma ciudad aunque esta ciudad puede volverte anónimo y a la noche estas en el país de nunca jamás.
De allá regreso; pero en Enero con pereza, ¿qué tanta?, es mejor no adelantarse por eso hasta mientras en los últimos atardeceres del año vuelvo a escribir para un blog que es muy parecido a lo que escribo al final de cada año como en un solo aliento para librarse de los fantasmas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Pelotón

Bolaño cercano

Oh capitán. Mi capitán