La Vocación
La Real Academia de la lengua define la vocación como la inclinación por una profesión o actividad. A simple vista parece quedarse corta . Ya se que la RAE es medio parca, tajante, neutra; tanto así que se volvió viral la foto de un padre sobre un examen de matemáticas del hijo donde la respuesta marcada como errónea por el profesor tenía que ver con la interpretación que podía darse del enunciado. El que un niño viera más allá de una simple frase parece plausible para la gran mayoría, pero la RAE salió a favor del profesor, entonces no faltaron quienes le exigieron a la RAE tener un poco más de empatía. Volviendo parece que igual que con el niño la RAE solo da a vocación una acepción simple y la más inmediata posible, quizá con su veredicto se cargo la vocación por las matemáticas del niño pero eso es otro tema.
La verdad es que vocación tiene una resonancia y un peso para el común de los mortales, diferente a decir simplemente una inclinación. Vocación engloba valores todos positivos como humildad, valentía, servicio, compasión.
Esta claro que mucha gente no necesita vocación para hacer lo que hace para ganarse la vida, es más en los negocios se necesita intuición o lo que llaman olfato e incluso dejar los escrúpulos guardados en casa. Pero hay profesiones a las que se les esta prohibido deslindarse de la vocación hasta el punto de ser una simbiosis. El ejemplo más claro la Medicina.
Para ser médico hay que tener vocación. Es casi como una sentencia que se repite desde el primer día de la facultad. Y con esto lo que te están diciendo es que tu interés debe ser: servir al más necesitado por encima de tu interés económico. Estoy seguro que la mayoría de los que somos médicos piensa así.
Ahora la pregunta es: ¿Cuando descubres tu vocación?, a qué edad te das cuenta de lo que vocación significa mas allá de la definición del diccionario.
Cuando le preguntas a un niño de cinco años que quiere ser de grande, obtendrás respuestas como que quieren ser: aviadores, bomberos, pilotos de carreras, futbolistas, dueños de parques de diversiones o de tienda de golosinas. Es decir aquello que para ellos representa aventura, riesgo, diversión, placer o quizá lo más mediático pues ahora están más bombardeados de información que nunca. Muy pocos te dirán profesiones más convencionales como médico, abogado, maestro; es más la palabra maestro encarna la decidia que les genera las largas horas de escuela y el médico representa su temor mas palpable pues es el rostro visible de sus horas de mayor sufrimiento y dolor; al médico no lo quieren ver ni en pintura y no falta la madre que amenaza con llevarlo al médico o ponerle la inyección si no se acaba la sopa. Es decir en pocas palabras somos el malo de la película,
En este contexto resulta casi imposible pensar que un niño de cinco años tiene noción de vocación y menos de la vocación de ser médico. Entonces que lleva a un niño de cinco años a decir que quiere ser médico de grande, de donde viene la idea. Los padre se miran y sonríen, no saben si cumplira el objetivo pero les llena de júbilo más áun porque el niño lo dice convencido. Los padres entonces le regalan fonendoscopios de juguete, botiquines de juguete para que siga motivándose; será el primer médico de la familia. Al menos no será cura o militar se enorgullecía mi padre.
El niño seguirá firme hasta la adolescencia en donde como es habitual la incertidumbre, la rebeldía y el hoyo negro de la soledad se cargan todo incluído la vocación, lo que sale luego es difícil pronosticar. En mi caso salí confundido, la película salió borrosa, pero como es de esperarse los padres vuelven a la carga y saben que fibra tocan para encausarte otra vez, porque no ibas a desbaratarles la ilusión de tantos años por una resaca un poco larga.
Tan bonito e inspirador resulta dedicarte a aquello que añoraste desde los cinco años, es casi un eslogan, pero no es tan fascinante. Mi hijo tiene nueve y todavía no tiene idea y yo estoy feliz porque si me lo dice ahora me tuerce el milagro y me va a tener preocupado, mucho más si me dice que quiere dedicarse a lo mismo.
Así que, ahora que me siento extraviado en mi vocación, sin poder rebobinar para explicarle al niño de cinco años de que va la larga noche medicinal, que seguro no se parece a los fotogramas de su pequeña memoria; quiero reconfortarme en la certeza de que no había plan B, sigue sin existir plan B, si no sería esto que soy, no sería nada, bueno talvez sería un tipo feliz que es peor.
Con vocación o sin ella hay que elegir y yo elegí, ahora no me quejo aunque cuando me salpica la sangre ganas no faltan. Por si acaso le tengo un juguete diferente guardado al niño de cinco años que se metió una mañana en una vocación sin salida a lo mejor y nos encontramos distintos a la vuelta de la esquina o de estos veintitantos años, casi nada.
La verdad es que vocación tiene una resonancia y un peso para el común de los mortales, diferente a decir simplemente una inclinación. Vocación engloba valores todos positivos como humildad, valentía, servicio, compasión.
Esta claro que mucha gente no necesita vocación para hacer lo que hace para ganarse la vida, es más en los negocios se necesita intuición o lo que llaman olfato e incluso dejar los escrúpulos guardados en casa. Pero hay profesiones a las que se les esta prohibido deslindarse de la vocación hasta el punto de ser una simbiosis. El ejemplo más claro la Medicina.
Para ser médico hay que tener vocación. Es casi como una sentencia que se repite desde el primer día de la facultad. Y con esto lo que te están diciendo es que tu interés debe ser: servir al más necesitado por encima de tu interés económico. Estoy seguro que la mayoría de los que somos médicos piensa así.
Ahora la pregunta es: ¿Cuando descubres tu vocación?, a qué edad te das cuenta de lo que vocación significa mas allá de la definición del diccionario.
Cuando le preguntas a un niño de cinco años que quiere ser de grande, obtendrás respuestas como que quieren ser: aviadores, bomberos, pilotos de carreras, futbolistas, dueños de parques de diversiones o de tienda de golosinas. Es decir aquello que para ellos representa aventura, riesgo, diversión, placer o quizá lo más mediático pues ahora están más bombardeados de información que nunca. Muy pocos te dirán profesiones más convencionales como médico, abogado, maestro; es más la palabra maestro encarna la decidia que les genera las largas horas de escuela y el médico representa su temor mas palpable pues es el rostro visible de sus horas de mayor sufrimiento y dolor; al médico no lo quieren ver ni en pintura y no falta la madre que amenaza con llevarlo al médico o ponerle la inyección si no se acaba la sopa. Es decir en pocas palabras somos el malo de la película,
En este contexto resulta casi imposible pensar que un niño de cinco años tiene noción de vocación y menos de la vocación de ser médico. Entonces que lleva a un niño de cinco años a decir que quiere ser médico de grande, de donde viene la idea. Los padre se miran y sonríen, no saben si cumplira el objetivo pero les llena de júbilo más áun porque el niño lo dice convencido. Los padres entonces le regalan fonendoscopios de juguete, botiquines de juguete para que siga motivándose; será el primer médico de la familia. Al menos no será cura o militar se enorgullecía mi padre.
El niño seguirá firme hasta la adolescencia en donde como es habitual la incertidumbre, la rebeldía y el hoyo negro de la soledad se cargan todo incluído la vocación, lo que sale luego es difícil pronosticar. En mi caso salí confundido, la película salió borrosa, pero como es de esperarse los padres vuelven a la carga y saben que fibra tocan para encausarte otra vez, porque no ibas a desbaratarles la ilusión de tantos años por una resaca un poco larga.
Tan bonito e inspirador resulta dedicarte a aquello que añoraste desde los cinco años, es casi un eslogan, pero no es tan fascinante. Mi hijo tiene nueve y todavía no tiene idea y yo estoy feliz porque si me lo dice ahora me tuerce el milagro y me va a tener preocupado, mucho más si me dice que quiere dedicarse a lo mismo.
Así que, ahora que me siento extraviado en mi vocación, sin poder rebobinar para explicarle al niño de cinco años de que va la larga noche medicinal, que seguro no se parece a los fotogramas de su pequeña memoria; quiero reconfortarme en la certeza de que no había plan B, sigue sin existir plan B, si no sería esto que soy, no sería nada, bueno talvez sería un tipo feliz que es peor.
Con vocación o sin ella hay que elegir y yo elegí, ahora no me quejo aunque cuando me salpica la sangre ganas no faltan. Por si acaso le tengo un juguete diferente guardado al niño de cinco años que se metió una mañana en una vocación sin salida a lo mejor y nos encontramos distintos a la vuelta de la esquina o de estos veintitantos años, casi nada.
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