Cuando el cine se parece a la vida


Hoy el cine esta devaluado. Se que muchos no compartirán mi opinión, sobretodo las nuevas generaciones que se han acostumbrado a un cine de espectacularidad y pomposidad, donde la visualidad supera el peso de la historia. Se invierte en efectos especiales para recrear mundos complejos y disimiles a tal punto que al espectador se le olvide que la trama trastabilla y se queda coja.
Pese a que el cine también se rige por las leyes del mercado y la taquilla es lo que sostiene a la industria; el que haya cineastas que apuesten por un cine diferente me parece loable .
Yo prefiero los clásicos, sin renegar del cine que se sigue haciendo por estas latitudes que todavía ante la falta de presupuestos estratosféricos, apuesta por el cine de autor casi que como un reclamo de identidad.
Yo se que el mundo esta horrible y la pregunta es: para qué vamos a querer ver desdibujado en el cine aún más lo que nos causa repudio cuando sale en el noticiero. Pero creo que el cine debe ser un reflejo de la vida como la mejor literatura suele serlo si pone de manifiesto o en contexto un drama quizá invisible, con sus recursos obviamente que no necesariamente es la crudeza sino todo lo contrario, ponerle pinceladas de arte a la lucha cotidiana y darle voz.

Ahora traigo a la palestra los nombres de cineastas que en los últimos tiempos colman mis expectativas, destaco a los Hermanos Coen y a Cristopher Nolan, bastante distantes los unos del otro, pero se parecen en el hecho que quieren lograr que el cine se parezca a la vida.
Fargo es un plan sencillo que acaba en un reguero de sangre, todo porque los personajes como nosotros sin excepción creemos que saldremos ilesos del otro lado, sabiendo todo lo mal que lo hacemos. A modo de moraleja es muy similar a la historia de el vaquero de No country for old men que roba una maleta de dinero a los narcotraficantes y cree que va a poder quedarse con él, otro ejemplo de los Coen del efecto bola de nieve, el desastre va haciéndose cada vez más grande a medida que los hechos se desbocan. Todo lo malo se devuelve como un bumerang y la suerte pasa factura tarde o temprano.
Nolan me apabulla con su Memento, la triste historia del hombre sin memoria que quiere anotar o captar en fotografías lo esencial para sobrevivir; es quizá una parábola de que la memoria es necesaria por más que hoy todo nos empuja al olvido y al desapego. Me conmueve la escena del protagonista buscando desesperadamente  algo con que anotar el recuerdo de la ofensa antes que la mujer regrese y le mienta, como en efecto sucede; como cuando nos mienten y lo sabemos y preferimos quedarnos con la mentira para no desbaratar el encanto.
Ni que decir de su trilogía de Batman, hacer tocar tierra a un superhéroe, cuestionarle sus ideales, dejarle el sabor en la boca de la derrota aunque venza en la batalla, en definitiva hacerle menos héroe y más humano; darle la preponderancia al villano del álter ego que el bien necesita como reclamando que no es cuestión de que el bien derrote al mal sino de que llegado el momento sepamos elegir.

En conclusión en esta época en que las luces parecen no iluminar sino enceguecer, el cine que apuesta por ser como nosotros: lleno de miedo pero valiente, es el cine que se parece a la vida. Si logra tocar una fibra de nuestra conciencia entonces habrá pagado con creces el valor de la entrada.
Lo malo es que luego enciendes la tele y miras los discursos de los políticos y comprendes que por más esfuerzo de los cineastas la realidad supera a la ficción y así como no todo el cine se parece a la vida, no toda las escenas de la vida tienen un final como en el cine........THE END......continuará

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