La Graduación
Me acuerdo que era un ir, siempre ir. Ir a la universidad, al hospital, a casa, no necesariamente en ese orden ni en esa prioridad. Los días se consumían como cerillos. Se hacia tarde, siempre tarde. Llenaba un centenar de fichas que solas parecían hojas volantes sinsentido y me preguntaba como iba a parecer ciencia al final del día. El desenlace seguía haciéndose lejano, si te acercabas, algo volvía a alejarse. Que escojas un tema y lo desarrolles. Oh lo siento no es aceptado, vuelva a escoger otro tema, nadie te devuelve el tiempo que sigue desangrándose. En algún rato creí que no lo íbamos a lograr pero ese ir, siempre ir parecía actuar automáticamente.
De alguna manera pareció que el destino estaba marcado y no iba a torcerse. Que no había que desesperarse, por más que las redes sociales se llenaran de fotos de la graduación de tus amigos que se adelantaban a ti. Por más que la presión de no sentirse completo hasta llegar a esa cima para no parecer que te bajaste al vuelo justo antes de llegar o que dejaste inconcluso el mayor desafío de tu vida. Como ibas a mirar a los ojos de todos los que esperan algo más de ti, como te ibas a ver al espejo tú mismo.
El camino es una procesión que parece interminable sino fuera que termina de golpe y de un tajo. Vas, vienes, dejas algo; pero falta otro algo siempre; así que sales, lo haces, regresas, lo dejas, esperas, te llaman; algo no esta bien, lo recoges, cambias, lo vuelves a dejar. Finalmente dicen que esta bien que ya lo dejes; no sin antes solicitar autorización a tanta gente importante pero que no has visto nunca. Y ahí estas parado como en una tribuna o en medio de un ruedo esperando la embestida, sin saber como pasó que llego el día y no pudiste irlo digiriendo de a poco. Tienes que defender tu tesis. Sí, defenderla; porque nadie te va a creer que lo que hallaste en el corazón de los datos puros, áridos y sempiternos, es una conclusión de tres líneas. Es así, tanto para terminar en tan poco; pero esas pocas líneas cuando las recitas, es toda la vida pasando en frente: los turnos, las malas noches, la desesperación, el cansancio, la muerte.
Por eso cuando termina es una larga exhalación que saca el aire denso que no te dejaba respirar. No parece cierto, si estuvieras sólo seguirías incrédulo para la eternidad; pero ventajosamente estás rodeado de muchas personas que te hacen caer en cuenta que en verdad se terminó; aunque dubitativo y nervioso se te atraganten las palabras en el brindis. Al terminar las palabras y al tomarse la última foto con la capa y el birrete, se queda atrás la vida como la conociste hasta hace nada. Y ahora, ahora es un nuevo comienzo, con mejores cartas y con más fichas para el juego; que vuelvan a poner las cartas en la mesa, me siento confiado, esta vez la suerte me sonríe. All in.
Comentarios
Publicar un comentario