Fiesta de cumpleaños
Cuando era niño, nunca me celebraron un cumpleaños. Bueno resulta esquivo de mi parte decirlo así. Me lo celebraron pero no a la manera convencional o a la manera que un niño quiere acordarse ahora que es adulto.
Cuando revisas los viejos álbumes de fotos en casas de gente inesperada, es lógico encontrarse con esas fotos, esas fotos de un niño al centro de una gran mesa llena de personas detrás de un gran pastel con una vela encima y el niño del centro soplando para apagar el fuego de la vela. Los demás aplauden o cantan, tienen gorros de fiesta, hay globos y serpentinas, parece que son felices o lo han fingido para la foto. Yo he aparecido en muchas de esas fotos cuando era niño, pero en ninguna soy el que sopla la vela.
Por qúe?. No lo sé, nunca me atreví a preguntarle a mis padres. Papá Mamá quiero una fiesta, no tengo el recuerdo de pedírselos tampoco. No se si mis padres me explicaron alguna razón que yo entendiese. A lo mejor como eramos tres hermanos, el hecho de uno tener fiesta significaban tres fiestas y tres fiestas al año quizá significaba mucho económicamente.
Para cuando pude pagarme mi propia fiesta de cumpleaños, tenía el pastel ,los dulces, la comida pero ya no era un niño y los amigos no vendrían a jugar y desbaratar la casa, o desbaratarían la casa pero en otro sentido, menos infantil.
Lejos de todo esto lo que me sorprende ahora es que los cumpleaños infantiles parecen mega eventos que quieren desbancar a una Comic- con. Hay payasos, magos, saltarines, un circo completo. Los niños quieren competir por tener la hiper super fiesta para sacarles pica a sus compañeros y como ahora tienen el poder, hacen que sus padres se metan al juego. Lo peor es que a los propios padres les encanta ostentar; a lo mejor es una cuestion de status, viste soy millonario y por eso el payaso Tallarín anima la fiesta de mi hijo o puedo cerrar todo un parque de diversiones, quien entiende.
En mi caso solo quiero que mi hijo tenga un recuerdo para cuando sea grande, aunque cuando sea adolescente estará aburrido de que le organicemos fiestas y pedirá irse mejor de paseo con sus amigos y me quedaré con el pastel hecho, la vela sin soplar y la foto sin tomar.
Pero si la vida se guarda en las fotografías, en los álbumes de fotos que hay en mi casa ya hay al menos ocho fotos distintas de aquella que yo no tengo. Las revisará algún día mi hijo?, ojala que sí y comprenda que mas allá de toda esa pirotecnia había mucho cariño.
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