8 años

Parecen que ocho años no son nada. En un circulo que da vueltas y vueltas en el que entras y sales mientras gira y gira la vida hasta desgastarse. Nos vemos a los ojos y nos reconocemos, volvemos a ver al que fuimos para obviar al que somos. Importa lo que digas, importa lo que has logrado que hiciste con tu ser en estos años que no los has visto. Pero lo que realmente importa es que la memoria te los devuelve idénticos aunque ya tengamos que jugar a ser grandes o al menos sentimos que debimos madurar a la fuerza porque tenemos que ser padres y profesionales pasando de alumnos a profesores así como de golpe. Las responsabilidades amontonándose hasta cubrirnos nos hacen casi invisibles para el resto de nosotros. Nos dispersamos a donde nos llevaron las circunstancias. Solo nos vemos en fotogramas que se suben a las redes sociales que uno las siente como de gente cada vez mas extraña. Pero cuando nos volvemos a encontrar resulta que no hemos cambiado que seguimos teniendo los mismos temores y compartimos las mismas ansias, que nos aferramos al recuerdo porque nos deshicimos de aquella etapa de universitarios súbitamente sin tiempo a digerirlo. Por eso en el fondo seguimos queriendo ser esos estudiantes que compartían libros, anécdotas y bohemia sin preocuparse en quien va a llenar el refrigerador mañana o pagar la planilla de la luz.
Pero no se puede, después de estos ocho años solo nos quedan los reencuentros a media luz porque en el bar las apagan. Abrazarnos a oscuras, hablarnos al oído a oscuras porque la música está a tope, tomarnos unos tragos y emborracharnos. Total la vida que nos toco nos sigue esperando mañana y mañana otra vez estarán lejos aunque estén cerca porque es lo que pasa siempre.

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