Terremotos

En Marzo de 1987, hace 29 años ocurrió un terremoto en el Ecuador de magnitud 6,9 en la escala de Richter, el epicentro fue en el oriente ecuatoriano y afecto a las provincias del norte. La ciudad de Ibarra, mi ciudad fue una de las más afectadas. Entre otras cosas, La basílica, la iglesia más grande se vino abajo. 
Yo tenía tres años en ese momento y es sin duda el primer recuerdo que tengo en mi mente. Cada vez más vago y difuso pero es inequívoco. Fue en la noche y me despertó porque recuerdo levantarme y recuerdo el bramido que hacía la tierra. Mi padre corriendo en ropa interior desesperado tomando una cobija para arroparme y sacarme de la casa. Mi madre embarazada de mi hermano menor en pánico. Una pared viniéndose abajo delante de nosotros.
Lo siguiente que recuerdo es despertar dentro de una carpa de lona tomate armada sobre el balde de la camioneta de un vecino, hablamos de una época donde los vecinos se conocían y se daban una mano en esos momentos.  Aunque fue solo una noche de alguna manera fuimos damnificados. Luego decidieron que debíamos quedarnos unos días en casa de mis abuelos.
Ese terremoto marcó mi vida. No volvimos a la casa los siguientes días y cuando volvimos solo fue para recoger las cosas y marcharnos a otro sitio, en el abandono ladrones entraron a la casa y se robaron las pocas cosas valiosas que teníamos. A partir de ahí empezó un camino de nómadas que nos llevo por distintos sitios solo para evitar volver al único que era nuestro. Mi madre no quería saber nada de su casa. Cuando nació mi hermano unos meses más tarde tenía una mirada y un silencio impropio de su condición como si tuviera un grito reprimido, mi madre dice que fue culpa del temblor que él lo sintió estando en su vientre. Por muchos años se siguió hablando de aquel temblor y costo mucho recuperar lo material y sobre todo recomponer la mente y dejar el miedo.
El 16 de abril de este año la tierra volvió a temblar en Ecuador. El epicentro esta vez fue en las provincias de la Costa ecuatoriana. magnitud 7,8. Se sintió fuerte igual en casi todo el país. La destrucción en las provincias de Esmeraldas y Manabí es un panorama desolador. Más de seiscientas víctimas. Barrios enteros se vinieron abajo como castillos de naipes. La reconstrucción tendrá un costo millonario, pero hay cosas que no se podrán reconstruír. Aquella frase de Marianita de Jesús la primera santa ecuatoriana "El Ecuador se va a acabar no por los temblores sino por los malos gobiernos". No creo que fuese real, hablamos del siglo XVII no existía el Ecuador como república, este territorio estaba bajo el dominio español. La historia en este país siempre tiene tintes mitológicos. Dicen que ofrendo su vida para que cesen los temblores, pero seguimos sacudiéndonos y lo único cierto es que no será la última vez. Lo malo es que sabiendo eso sigamos cometiendo los mismos errores, el ecuatoriano tiene una memoria muy frágil, quizá por eso aludiendo a la frase escogió a los mismos malos gobernantes cada vez que volvían reciclados con otro slogan.
Veintinueve años más tarde y la destrucción fue igual o peor como si no hubiésemos aprendido nada de los errores del pasado. Las mismas construcciones sin normas técnicas que sucumbieron cuando no debían hacerlo, la misma cantidad de víctimas como si no pudiésemos hacer nada para evitarlo, la misma suerte de damnificados que lo perdieron todo. Yo sé que este país se va a levantar, pero ojalá no dure otros veintinueve años, que esta vez si se nos imprima en la memoria tanta tragedia para no tener que revivirla. Para las seiscientas sesenta y un víctimas del temblor y sus familias es como si la vida se detuvo, sí,después de vibrar por cincuenta segundos se detuvo y no saben cuando echará otra vez a andar. La vida no tiene porque ser aquello que pasa entre dos sismos. Definitivamente no.

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